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Capítulo 2º del guión forero: 'El cardenal'

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Capítulo 2º del guión forero: 'El cardenal'

Notapor Odalisca1 el Dom Jul 19, 2009 12:02 am

Tras un largo mes de arduo trabajo, risas incontables, votaciones interminables y compañerismo sin fin, el segundo capítulo forero por fin ve la luz.
Trabajo, que no habría sido posible sin la colaboración de quienes serán mentadas en los títulos de crédito, y de aquellas, cuyos nombres quedan en el anónimato, más no en el olvido. No por que sean menos importantes, sino por miedo a olvidar a alguna.
La intención para con este segundo capítulo, era la de seguir al primero. Aquella Decisión de Margarita que viera la luz aquel, ya lejano 7 de junio. Y siguiendo su estela, la de entretener y ser entretenido.
No queda ya, más que leer y juzgar. Pero eso, es algo que cada uno ha de hacer una vez que caiga el telón y lleguen las letras 'Fin del capítulo'. Mientras tanto, querid@ y apreciad@ lector@, compañer@ ... siéntate y asiste con nosotras a los preparativos y la fiesta de: El Cardenal
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Odalisca1
 
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:03 am

1ª ESCENA

- ¡Alonso! Levanta ya...que es tarde...venga...
- Hoy no voy a ir a la escuela Satur...
- ¿Que qué?... ¿Y se puede saber por qué?, ¿Estás malo? - le toca la frente.
- Que no voy a ir Satur y ya está.
- Bueno, pues si ya está... pues ya está... yo voy a decírselo a tu santo padre...
- ¡Satur, Satur! Espera...
- A ver...
- Que es por Matilde, Satur, que no tengo ninguna posibilidad...si Nuño es noble y rico...
Satur se sienta en la cama, le acaricia el pelo.
- Vamos a ver... vamos a ver Alonsillo... que no digo yo que los títulos y los dineros no ayuden, que bien sabe el cielo que es así... pero el corazón de un hombre es lo que más vale en esta vida Alonsillo...
- Que no Satur, que no voy...
Gonzalo se asoma por la puerta.
- Que no vas ¿dónde?
- A...la escuela...que hoy no voy padre...
-¿Por qué? ¿Estás enfermo?
- Pues… si. Estoy un poco...
- Enfermo si está, si, pero no del cuerpo, no, sino del alma y de los bajos...- murmura Satur
- ¿Qué dices Satur? -Gonzalo mira a Alonso y a Satur.
- ¿Me queréis explicar de una vez que pasa?- cruza los brazos y mira a ambos.
Alonso mira a Satur suplicándole con la mirada que no diga nada.
- Anda que estoy apañado con vosotros dos...Alonso, arriba inmediatamente, hay que ir a la escuela.
- Pero padre, no quiero...
- ¿Por qué?
El niño se calla, abaja la cabeza. Gonzalo presiente que Alonso tiene una razón para actuar así pero está molesto porque no se lo dice.
- Alonso, he dicho arriba, y hablo en serio- le mira severamente.
El niño empieza a levantarse con ayuda de Satur.
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:03 am

2ª ESCENA

El Cardenal espera en un gran salón, decorado con tapices y hermosos cuadros. Se pasea, deambula de un lado a otro, impaciente, es un hombre que no está acostumbrado a esperar. Mira por un gran ventanal de palacio, fija sus ojos en el horizonte, en su mirada hay gran ambición...

En ese momento se abre la puerta y entra Su Majestad, el Cardenal inclina la cabeza lentamente frente a él.

- Cardenal Mendoza...por fin...
- Su Majestad...es un honor estar en España...
- Si, si...ya -el Rey se impacienta- Cardenal...imagino estará informado de los últimos acontecimientos que han tenido lugar por aquí...es así?
- Si, Majestad, me han informado de que algunos traidores a la Corona pretendían el trono de España...
- Así es, cardenal así es...
- Es terrible.

El Rey mira al Cardenal, analizando qué clase de hombre tiene enfrente. Guarda silencio unos segundos.

- Hay que estar preparados para lo que pueda suceder, estos son tiempos difíciles Cardenal y necesito conmigo a los mejores y más leales a mí....
- Su Majestad me honra con esas palabras...
- Eso está por ver....Cardenal...eso está por ver

El cardenal guarda un respetuoso silencio.

- Bien, me alegra que ya esté aquí Cardenal,- continua el rey- hay muchos asuntos que la Iglesia puede manejar y que me son imprescindibles en estos momentos...
- Por supuesto Majestad...

El Cardenal mira brevemente de nuevo por la ventana de palacio, mientras el Rey habla, él tiene sus propias ideas e intentará llevarlas a cabo a toda costa.
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:04 am

3ª ESCENA

En la escuela, Alonso está cabizbajo, enfadado de nuevo con su padre.
- Niños, tengo una sorpresa para vosotros, mañana no daremos la clase en la escuela....nos iremos a dar un paseo por el campo y daremos allí la clase, de acuerdo, así que no olvidéis decírselo a vuestros padres, de acuerdo? Cogeremos plantas, veremos animales y estudiaremos la naturaleza...
- Ahora preparad vuestras cosas que vamos a hacer un dictado.
Los niños se preparan, sacan sus cosas a la mesa....menos Alonso.
- Alonso, hijo, venga coge tus cosas que empezamos con el dictado.
- No.
- ¿Qué?
- Que no.
Gonzalo respira hondo, intenta tener paciencia.
- Alonso, he dicho que saques tus cosas...
- No pienso hacer nada...me has obligado a venir pero no pienso trabajar...
- ¡Alonso!
- ¡No!
Gonzalo pierde los nervios y coge con fuerza a su hijo de los brazos y lo saca de la escuela. Le regaña fuertemente.
- ¡Nunca, me has oído, nunca, vuelvas a hablarme así en la escuela, ¿entiendes? ¡Debería...!- hace un gesto con la mano como si fuera a pegarle, pero no lo hace.
Alonso mira al suelo, está asustado, pocas veces ha visto a su padre tan enfadado.
- Padre que...que no quería venir a la escuela...por Matilde...(el niño casi está sollozando).
Gonzalo mira a su hijo, está perplejo, no se imaginaba el motivo de la negativa del niño a ir a la escuela. Ahora lo comprende.
Se agacha y le mira, con una mano le levanta suavemente la barbilla hasta poder mirarlo a los ojos.
- Hijo...por qué no me lo habías dicho, eh?? Ven aquí anda... -le abraza- Alonso, escúchame, yo...te entiendo hijo...pero no puedes dejar de venir a la escuela por eso...No se puede huir cuando algo nos disgusta, ¿entiendes? Además, en la escuela también están Gabi y Murillo...y yo...
El niño asiente con la cabeza, triste. Gonzalo lo abraza de nuevo.
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:04 am

4ª ESCENA

Lo contempla ensimismado, viendo cómo juega con sus amigos, las risas, las miradas, no se pierde ni un solo gesto, en esos momentos parece que el resto del mundo no exista, se le ve tan feliz… que parece imposible que un niño como él haya pasado por todo aquello en tan poco tiempo… ya hace más de un año desde que…. Y una sombra de tristeza invade su rostro.
- ¡Padre, padre! ¿Podemos ir a la plaza?
Gonzalo vuelve a la realidad y contempla a aquellos chiquillos mirándole con cara suplicante.
- Venga maestro, que la clase ha terminado- Piden a la vez Gabi y Murillo
- ¡Padre! Déjanos ir…
- Está bien Alonso -accede alborotándole el pelo.- Pero que os acompañe Satur, añade buscando con la mirada a su fiel amigo.
- Pero… padre… -dice Alonso con voz suplicante, le da vergüenza que le trate como a un niño delante de Matilde – Satur está ocupado... -asegura el niño dirigiendo la mirada hacia Satur que intenta sin éxito llamar la atención de aquella mujer.
- O vais con Satur o no vais – sentencia Gonzalo.- ¡Satur!
- Sí amo – asiente disgustado.
- Ve con los niños a la plaza y que no se metan en líos
- Pero Amo yo… yo tengo… está bien- acaba diciendo viendo la expresión inapelable de Gonzalo
- ¡Vamos Satur! Dice el chiquillo tirándole de la camisa
- Cuídalos Satur, por favor
- No se preocupe amo, como su sombra… Vamos, que no me despego de ellos
Mientras los niños siguen jugando, el más bajito de todos dice: - Tú te la ligas Murillo.
- Siempre me toca a mí-refunfuña el de las gafas.
- Vamos Matilde, corre-dice el más resuelto agarrando la mano de la niña que ha permanecido expectante todo el rato
- ¡Eh!, venid aquí. – Dice Satur gritándole a los niños - me cagoen to … siempre me toca a mi…- masculla entre dientes - Ehh! No corráis, condenados chiquillos…
Gonzalo contempla la escena divertido, con una sonrisa… no deja de mirarles hasta que desaparecen calle arriba.

La plaza está llena de gente, en los puestos los tenderos reclaman la atención del público a voz de grito: “Las mejores tela de la villa”, “Pan recién horneado”, “Vino de la mejor cosecha”… pero parece que nadie les presta atención, toda la atención la reclama el centro de la plaza donde la gente se agolpa a empujones y no deja de expresar su asombro por lo que allí ocurre.
Al llegar los niños se quedan parados, el lugar está lleno de gente por todos lados, mujeres, hombres, niños, ancianos… parece que toda la villa se haya reunido entorno a aquel lugar.
-¡¡Mirad!!! ¿Qué pasará ahí?, vamos a ver. - Propone Gabi.
- Si vamos.- Dicen todos a la vez
Y sin pensarlo dos veces se lanzan a buscar un hueco que les deje ver, cuando consiguen alcanzar su objetivo no pueden creer lo que ven, se frotan los ojos y se miran unos a otros sonrientes, asombrados…. un hombre que echa fuego por la boca… un muñeco que habla…bellas mujeres que danzan de puntillas con la cara pintada…
- ¡¡Zagales! Estáis aquí, será posible…. – Satur se queda mudo cuando ve aquel espectáculo, pero ¿qué es aquello? ¿De dónde han salido? Aquellas ropas, las caras pintadas, esas muecas imposibles…
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:05 am

5ª ESCENA

El Cardenal en su gran despacho del Palacio Episcopal. Se pasea por la habitación, pensativo. Se sienta a escribir una carta... mientras la escribe, vemos en ella el símbolo de la Logia....
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:07 am

6ª ESCENA

Azuza a los caballos dándoles soberanos latigazos mientras les grita para que galopen a toda velocidad, sujeta las bridas con fuerza mientras otea el horizonte. A su paso deja un reguero de polvo que se convierte en una nube densa que desaparece fantasmalmente. Atardece ya, y el sol comienza a menguar su fuerza. El único camino con el que llegarán antes del anochecer será “la senda de la Serpiente”, no le gusta para nada tomar esa dirección, pero no le queda más remedio, deben llegar antes que el sol desaparezca por completo.

Gira el carruaje para que los caballos cojan esa dirección, los animales siguen las instrucciones que le da el cochero, y mantienen su galopar sin descanso. Divisa las grandes rocas que adornan el paso, parecen grandes animales esculpidos en piedra, rodeadas de una vegetación salvaje que crece por doquier. Pronto entrarán en la serpenteada hilera de olmos fantasmales, que le da la bienvenida al visitante. Dentro, meciéndose con el bambolear del coche, la muchacha apenas presta atención al exterior, con el abanico en sus manos sofoca el calor del trayecto. Cuando, de pronto, el cochero tirar de las riendas para detener el intenso ritmo de los animales, al contemplar un árbol que tapona el camino de lado a lado. Se van deteniendo paulatinamente. De un salto, el hombre se ajusta el sombrero y contempla el problema de su retraso. Da media vuelta, y se acerca a la portezuela negra del carruaje.

-Señorita Mercedes, tenemos un problema…-dice el cochero mientras piensa las palabras.
Ésta deja de abanicarse y, muy lentamente, lo cierra, dejándolo en su regazo. Clava sus ojos color miel en su criado.
-¿Qué es lo que pasa, Andrés? –pregunta fríamente mientras coloca bien el vestido en su asiento.
-Un árbol nos impide el paso –le suelta de sopetón. Sabe que con ella los rodeos no funcionan.
-Soluciónalo…..-ordena sin más.
-No es por nada pero son mas de 1OOO toneladas -dice mirando el árbol.
-¿Y? es tu problema, sabes que tengo que llegar…….-le advierte.
-Si señorita…- responde cerrando la portezuela, resignado.

Mira el árbol y no encuentra solución en su cabeza. Tendrán que retroceder aunque llegarán tarde, es imposible moverlo. Cuando más vueltas le está dando, escucha un crujido de una rama muy cerca. No le gusta, el es buen rastreador e intuye que algo no anda bien.

Con sigilo y quitando el arma que tiene a su espalda, da unos pasos sigilosos hacia donde proviene el ruido. Rodea el arbusto, hasta tener a tiro al causante, ve a un hombre agazapado, mirando hacia el carruaje. Avanza un pie más, de un golpe certero por la espalda lo derriba, quedando éste en el suelo inconsciente. Mira a todos lados, sabiendo que hay alguien más, cuando de pronto de un árbol se le cae encima lo que parece un hombre. De un puñetazo en la cara lo derriba, para que no pueda levantarse.

-Tranquilito y sin moverte -le avisa uno de aquellos hombres.

El cochero mira hacia el carruaje negro con gesto de preocupación, así que se aguanta el dolor y le da un golpe en las piernas que lo deja de rodillas, pero éste saca rápidamente su arma apuntándole con furia.
-¿Eres sordo? He dicho que no te muevas… o pasarás a criar malvas –le vuelve a advertir.
Mientras uno vigila al cochero, otro hombre más sale de entre unas piedras y avanza hacia el carruaje con paso decidido. El cochero lo ve y se queda horrorizado, no puede hacer nada.
-¡¡Niña Mercedes¡¡ ¡¡no, no…..¡¡ -grita, casi aullando de dolor en el suelo.
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:08 am

El forajido avanza resuelto hacia el carruaje negro, siente un escalofrió al relucir la madera. Hecha una ojeada al interior y entonces la ve. Una hermosura de mujer, casi una ninfa. La joven gira la vista hacia él, mirándolo sin pestañear.
-¡¡Vaya, vaya…¡¡ lo que tenemos aquí……-dice recorriéndola con la mirada de arriba abajo.
Ésta no mueve un ápice su posición, ni tan siquiera intenta gritar cuando observa la pistola apuntar hacia su rostro.
-Eres una preciosidad…….lo sabes –dice mirándola –y me gusta ese camafeo.
La joven entorna los ojos y lo acribilla con la mirada.
-Piensas que me asustas………pues yo te diría que no-asegura fríamente.
El bandolero se queda atónito, no comprende a esa joven, no tiene miedo a morir, y menos a un arma, eso le enfurece.
-No juegues conmigo niñita… y dame todo lo de valor –ordena, señalando al camafeo que lleva al cuello.
-¿Es tuyo, acaso? Parece que los buenos modales no van con cierta gente-comenta irónica

Enfurecido, la obliga a salir del carruaje. Ella lo hace despacio, llevándole todo el tiempo del mundo.
-O me das lo que quiero………o lo cojo por la fuerza, mejor dicho mataré a tu cochero como un perro……-dice pasándole la pistola por el cuello.
-Hazlo… -responde, mirando sin pestañear al cochero.

Cuando está a punto de golpearla, pues se encuentra fuera de si, nota una ráfaga de viento y, acto seguido, cae muerto a sus pies. La joven baja la vista un momento y advierte un puñal en el pecho del bandolero, cuando levanta la mirada, ve a un extraño hombre batirse en cuerpo a cuerpo con los dos hombres que retienen al cochero. Lleva el rostro tapado y su vestimenta no le es conocida, usa una extraña espada y es un excelente luchador. Con dos golpes certeros tumba a sus atacantes dejándolos fuera de combate. Tras comprobar que el peligro ha pasado, se gira hacia la muchacha.
-¿Se encuentra bien? –pregunta.
Ella asiente con la cabeza, y él desaparece tal como ha aparecido. En su lugar, una pluma roja que le llega volando y que recoge entre sus manos, guardándosela.
-Señorita, ¿está bien?… ¿pero quién era ese? –dice el cochero sacudiendo su ropaje.
La muchacha no ha quitado la vista del lugar por donde ha desaparecido ese hombre misterioso. Le intriga y mucho, le ha sorprendido.
-No lo sé… En marcha…-ordena rápidamente mientras da media vuelta y se introduce en el carruaje.
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:09 am

7ª ESCENA

Zona residencial de una lejana ciudad.
Árboles y farolas encendidas flanquean la calzada empedrada a lo largo de la cual se suceden suntuosos edificios. La noche ha caído hace rato; el silencio sólo se rompe por alguna patrulla de vigilancia.
Todos los ventanales que asoman a lo largo de la calle principal ya están a oscuras....todos menos uno.

El fuego crepita en la chimenea calentando el amplio salón. Fuera, la noche es fría. Aunque de día empieza a adivinarse la primavera en pequeños detalles, de noche la temperatura cae como si de pleno invierno se tratara.
La estancia, aunque ricamente decorada, resulta confortable. Los muebles son de un gusto exquisito, al igual que los tapices que adornan algunas paredes.
En un rincón, cerca de un gran ventanal, tres hombres están sentados en actitud seria. Hablan quedamente, como si temieran que alguien más les pudiera escuchar.

-¿Y cómo puede ser que aún no hayamos recibido noticias?- inquiere uno de ellos. Es más un lamento que una pregunta, puesto que ninguno tiene la respuesta.
-No hay que desesperar- contesta con calma otro de ellos, mirando su copa de vino al trasluz. Se atusa el bigote y da un sorbo.- Mmmm, este sí que es un buen caldo-
-¿Es de La Borgoña?- pregunta el tercero, un hombre de generosa cabellera cana y ojos saltones.
-Ja, ja, ja, no amigo mío- responde levantándose de su sillón -es un auténtico vino español-.

Los tres ríen, aunque en su fuero interno sienten añoranza de su tierra. El exilio en Francia no es tan malo, pero....
El más joven de los tres se dirige al hombre que está en pie:
-Sr. Conde, parece usted cansado. Y no creo que por hoy vaya a haber novedades....- En realidad, él mismo está deseando irse, aunque trate de disimularlo usando un tono de voz aparentemente calmado. El asunto que tienen entre manos es demasiado importante como para no dedicarle todo el tiempo del mundo, así que no quiere dejar traslucir su prisa por marcharse a descansar.

El hombre del bigote le mira, suspira y asiente.
-Tenéis razón. Quizá valdría más que nos retirásemos.- Un brillo especial destella en sus ojos. -Nos queda mucho por andar y va a ser un camino duro, así que vale más que hagamos acopio de fuerzas y que no las malgastemos sin sentido-
Los tres se dirigen con gesto cansado hacia la puerta de la sala. El invitado de pelo cano se detiene un instante, mira al Conde y le pregunta:
-¿Nos vemos entonces aquí dentro de una semana a la misma hora?-
El Conde asiente y, sujetando la puerta, les indica con la mano que pasen ellos primero.
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Re: El cardenal

Notapor Sherezade el Dom Jul 19, 2009 12:09 am

8ª ESCENA

Cinco jinetes vestidos de negro se acercan al lugar donde el carruaje de Mercedes ha sufrido la emboscada. Su fiel cochero espera fuera y al detenerse los recién llegados se toca el ala del sombrero en un leve gesto de saludo. Al momento desmontan y se descubren. Se trata de Hernán y cuatro de sus guardias.

-Soy el comisario de la villa. -dice haciendo un leve gesto con la cabeza a la vez que se da cuenta de su cara magullada y la ropa polvorienta y rota. Observa entonces el tronco que obstruye el camino y los cuatro cuerpos que yacen desperdigados por el lugar. -¿Qué ha ocurrido aquí? -Espera la pronta respuesta de ese hombre, ya que no puede creer que sea él sólo quien ha acabado con los cuatro asaltantes. No obstante, la respuesta la recibe del interior del carruaje.

-¿No es obvio, comisario? -El cochero se apresta a abrir la portezuela, pero nadie se digna a salir para ponerle rostro a esa voz de mujer dulce y provocativa. -Hemos sido atacados por unos viles bandoleros. Poco ha faltado para que acabaran con nuestras vidas. -Hernán cambia de postura y se inclina levemente hacia la puerta.

-¿Y se puede saber quién lo ha impedido, señora Mercedes? -Sabe quién viaja en ese ostentoso carruaje; la sobrina del Cardenal Mendoza, alguien sumamente importante a tenor de lo poco que ha escuchado de él, sobretodo de Lucrecia. La dama apareció entonces a la vista de todos, pero en ningún momento hizo ademán de bajar a recibirlos. En su delicado rostro no había ningún rastro de temor por lo que acababa de ocurrir, pero sí una especie de... desafío.

-Sé con toda seguridad que vos no habéis sido, señor comisario. -La expresión condescendiente de Hernán cambia por una repentina frialdad, y la dama sonríe con cierta complacencia. - A no ser que os dediquéis a salvar carruajes vestido de encapuchado con capa y manejando una curiosa espada. ¿Erais vos? -La mano de Hernán que reposaba sobre el pomo de su espada se convierte en una garra y aprieta los dientes con ira. Sus hombres murmuran entre ellos.

-Águila Roja. - Masculla entre dientes. Reprimiendo a duras penas su rabia, mira a uno de sus subordinados. -¡Tú! Ve hacia la villa y reúne todas las patrullas posibles. Quiero que salgan ya y rastreen todas las calles del barrio de San Felipe en busca de Águila Roja. ¡Sal ya! -El guardia asiente y se lanza al galope como alma que lleva el diablo. Luego respira profundamente, intentando calmarse, y suaviza lo máximo que puede la expresión, para volver a encararse con la joven.

-Señora, ¿habéis sufrido algún daño? -A la vez hace un gesto para que se acercaran dos hombres más.

-No, comisario. Gracias a ése... ¿Águila Roja? ...tan sólo han atacado a mi cochero. Por suerte fue bastante rápido y expeditivo. -Suspira quedamente para volver a reclinarse y desaparecer de la vista de los hombres. -Ahora desearía poder volver a palacio y olvidar este incidente lo más pronto posible. ¡Ah! -vuelve a inclinarse para mirar el rostro del comisario mientras habla. -Agradecería que no importunara al Cardenal con este tema, comisario. Si hay algo que deba decirnos, diríjase directamente a mí.

El comisario vuelve a tragarse su orgullo pisoteado y ordena a los otros dos guardias que se acerquen a la casa o aldea más cercana y vuelvan con todas las hachas o serruchos posibles para sacar del camino el enorme tronco. Ordena al último que se quedara allí, vigilando a Mercedes; él tiene otra prioridad en ese momento. A decir verdad, su única prioridad está en la villa, y él ya está perdiendo el tiempo. Se disculpa con pocas palabras ante la dama y sin pensárselo dos veces se lanza al galope, hacia la villa. Hacia su objetivo.
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