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Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor cibeles6 el Sab Oct 01, 2011 9:48 pm

Quiero, me gusta el comienzo de esta historia, ver a las meninas en "movimiento" me ha encantado, que yo tengo la imagen del cuadro y verlas miviendose junto a la reina pues me ha llamado la atención. Y no digamos ya la aparición de Marcela, la hija de Lope y de Ines que se esconde cuando llega el comisario y por el comentario no parece que haya sido él el que se ha cargado al pobre Martín, pero del comi no hay que fiarse, así que......¡a esperar tu continuación! que me imagino que vas a ir liando la madaja y compliando el misterio :D
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor Quiero_quererte el Lun Oct 03, 2011 1:20 am

¡gracias chicas!

Sí, Cibe, no he podido evitar sacar del cuadro las meninas, la enana Mari Bárbola, incluso al perro mastín.
Los mismos ropajes y cameos con personajes coetáneos :lol:

Hoy he tenido un día movido, mañana continuaré
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asesinato en los jardines del Palacio de Oriente

Notapor Quiero_quererte el Mar Oct 04, 2011 1:12 am

III

La monja entra por la puerta de la posada, lleva en su mano una medalla de la virgen de algún metal poco noble que pertenecía al joven. Entra acompañada por Inés que aprovecha su descanso para hacerle el favor a la monja. Tapada la cabeza y la cara por la mantilla, apenas puede moverse con comodidad por ser poco lo que se distingue entre el velo. La monja prefiere no preguntarle, en el convento aprendió que entre las muchas palabras abundan las mentiras y sabe que una pregunta a destiempo no desvela misterio alguno, sino que lo tapa y enreda más que la gasa que cubre a la joven.

Sólo dos mesas ocupadas, en una de ellas los hombres del comisario beben y ríen, mientras miran de reojo y con lujuria a la dama de la otra mesa y a la que habla con Cipri. La de la mesa, es una joven de negros cabellos ensortijados que charla con dos hombres y un niño.

-Ya le habrán dicho los hombres del comisario – le dice Inés impaciente por marcharse.

-Me extrañaría – ve cómo Inés se retrae y achica al ver al posadero y a la mujer que lo ayuda - ¿Es esa su tía?

La muchacha asiente y da un paso atrás. Se excusa y no entra en la posada. “He de volver a palacio”. No es hora de apretar a la muchacha. Sabe algo y esconde más. Ya llegará el momento, posiblemente.

Se acerca a la mujer, que la mira extrañada. Toda la posada calla y sigue a la monja con los ojos, extrañados por su presencia. No es lugar para una trinitaria descalza. No hacen falta palabras, posa la medalla sobre la mano de la mujer que no parece extrañarse de recibirla. No llega a caer al suelo, el posadero y el hombre joven que está sentado a la mesa junto al niño y la muchacha llegan a tiempo para sujetarla entre los brazos. “¡Catalina!”

Los únicos que sonríen ante la escena son los hombres del comisario. El hombre que quedaba en la mesa se abalanza hacia ellos y golpea la tabla con ambos puños.

-¿Quién ha sido? ¿Cómo ha muerto?

-¡Satur!- Intenta contenerlo el otro hombre.

-Va a ser difícil dar con el asesino – dice uno de ellos sin perder la sonrisa – nadie ha visto nada ni sabe nada.

-Ya. Y las autoridades no favorecen… ¿Verdad? – dice el hombre pequeño.

-¿Insinúas algo?

-¡Satur por favor! - le dicen intentando contenerlo. Pero el hombre ya ha entrado en una carrera imparable.

-No… déjeme amo, que estoy cansado de callar como… como un perro. Porque aquí no hay justicia para todos. La justicia sabe de dineros y abolengos.

-Yo soy la autoridad. ¿Me acusas de algo? Porque las acusaciones hay que probarlas.

- Pues mira sí – dijo levantando hacia atrás una de las manos, poniendo freno al joven que se le acercaba intentando apaciguarlo – A tu jefe, que tiene intereses puestos en la muerte del muchacho.

-Ya basta de hablar de muertos, aburre y nos va a arruinar la noche. No me va a dejar sin ganas de pasar por el burdel.
El resto de compañeros le ríen la broma. El hombre bajito no puede evitar la ira y termina dándo un puñetazo en la cara del guardia.

-¡Guardias! – Grita a sus compañeros sujetando la ira – detenedlo. Este dice saber, quizás es que sabe tanto porque él lo mató.

Entre dos detienen al hombre y hacen callar al resto de la taberna. El hombre joven va a intervenir, pero la muchacha y el niño lo evitan sujetándolo. Se vuelve tiernamente hacia ella y decide esperar acontecimientos.

- Tranquilo papá, yo se que el águila roja no permitirá que le pase nada a Satur.
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor mairavaninab el Mié Oct 05, 2011 2:58 am

Quiero, me gusta la monja, creo. Tal vez ayude a Inés que que arriesgada al ir a la Taberna, no? :?

Y este Sátur...tiene razón, pero en el lío que se ha metido. :( Y alonso diciendo que Águila lo ayudará, cosita! :)

Gracias por continuar Quierorita! Un besazo, que coincidimos poquito últimamente. ;)
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor Quiero_quererte el Jue Oct 06, 2011 12:29 am

la verdad es que sí, entro muy poquito :P mairaxell!
A ver si desenredo los líos que me traen enredada, aunque el desenredador que los desnrede buen desenredador será!
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor begoña el Jue Oct 06, 2011 12:32 am

Quiero me gusta la monja "Sherlock Holmes" creo que va a ser una buena investigadora. Pobre Inés, desde el principio ya escondiéndose :?
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor cibeles6 el Sab Oct 08, 2011 12:51 pm

¡Es verdad, muerto y castrado el pobre Martín! :o esto es lo que tiene leer varias cosas a la vez y tener una neurona ¡que me pierdoooo! :oops:
Pues ya se ha metido el pobre Satur en un lío, pero con esas burlas y maldad de los guardias a ver quien tiene la boca cerrada ¡hala tabajo para nuestro Águila como dice Alonsillo! :D
Me encanta lo que piensa la monja de la pobre Ines que va tan tapada ;)
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor Quiero_quererte el Sab Oct 08, 2011 7:52 pm

:D

Si es que a sádica no me gana nadie!
:lol: :lol:
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor lucranes el Dom Oct 09, 2011 1:21 pm

Bueno, poco a poco me voy poniendo al día con los relatos,me gusta mucho este nuevo enfoque de la historia, Quiero
Esa Ines, pobre,embozada y escondiéndose, Satur lanzado, y furioso, y la contención de Gonzalo, ante tal injusticia.
Espero, la próxima entrega, para ir descubriendo poco a poco lo que pasa,o mejor dicho lo que nos tienes reservado.
Que ahora y si el tiempo no lo impide, como en las corridas, prometo seguirla al día.
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asesinato en los jardines del Palacio de Oriente

Notapor Quiero_quererte el Sab Oct 15, 2011 2:42 am

IV

Sor Marcela Entró en palacio de Santillana. La criada, una joven que acababa de escuchar la petición de ver a la señora de Mejías caminaba por pasillos enrevesados que comunicaban con estancias, que a su vez llevaban de nuevo a oro pasillo. Hubiera creído que la hacía dar vueltas de no ser por los distintos óleos que indicaba que por ahí no había pasado.
La imaginación de la monja se entretuvo conjeturando si no habría un criado por ahí cambiando los cuadros. Algunos eran descarados; otros eran retratos de la realeza. No entendía qué hacían allí, estaban fuera de lugar. Ni un solo retrato familiar del fallecido marqués o de los antepasados de éste. Sí que tuvo claro qué tipo de vida llevaba una viuda que tiene en los pasillos cuadros de desnudos tan sensuales: una mujer recibiendo con cara plácida y complacida una lluvia de oro mientras una vieja recoge lo que puede con su delantal. Reconoce que le gusta de sobremanera: la vieja de espaldas, mostrando parte de esta, en contraposición de la joven totalmente desnuda que lleva como único adorno sus joyas, de frente; la espera plácida en contraposición de la avaricia. La blancura de la dama con la oscuridad de la sirvienta. Las nubes ennegrecidas sobre la criada se tornan doradas sobre la dama. Es como si el cuadro estuviera dividido en dos: Todo es oscuridad en la zona derecha, mientras que en la izquierda, los colores vivos del rojo cortinaje contrasta con la blancura y la luz que irradia el propio cuadro. “Lo he visto antes… parecido. En el palacio del Gran duque de Toscana había otra versión” Recordó que se trataba de un Tiziano y que el autor tenía por costumbre repetir versiones de los cuadros que más éxito tenían.
-Por aquí, hermana.
La voz de la criada tira de ella y la separa del cuadro. Toca con los nudillos en la puerta y no obtiene respuesta. Espera nerviosa y mira de reojo a la monja.
-¿Qué ocurre Marta? – Es la voz de la marquesa la que suena potente tras ellas.
-La hermana Marcela desea ver a la señorita Irene.
-Otra monja – dice sonriendo sarcásticamente - ¿Y por qué no la haces pasar? ¿Por qué la mantienes en la puerta?
-Es que no contesta.
- Estoy cansada de tanta tontería en esta casa.
Abre ambas puertas de par en par y se dirige hacia las ventanas, descorriendo las cortinas y dejando entrar la luz del día.
En la cama, se revuelve la joven Irene. Los ojos rojos, ojeras moradas bajo los párpados, labios resecos blanquecinos…
-Ya está bien, Irene, tienes visita. Una hermana que viene a dar consuelo a tu alma. Y levántate, cualquiera diría que tu marido ha muerto.
Tira de la sábana y deja al descubierto su cuerpo cubierto por un camisón empapado en sudor.
-Estoy enferma, no paro de vomitar y no tengo fuerzas para ver a nadie.
-Me da igual lo que opines – y acercándose a ella, diciéndole casi en un susurro – si tu tío supiera, se avergonzaría.
Tapándose con la palma de la mano la nariz y entornando los ojos le pide a Marta.
-Apesta. Por favor, que alguien limpie esta pocilga mientras la aseáis entre Margarita y tú. Hermana, si deseáis acompañarla durante el baño, nadie os interrumpirán.
La monja asiente y sigue a Marta que conduce a Irene como un zombi hasta una sala presidida por una bañera forrada con un lienzo blanco. Reconoce a la mujer morena de la taberna, que llena la bañera con agua que trae en unos cántaros ricamente adornados con piedras negras y blancas.
La dama la mira disimulando su asombro. La ha reconocido sin duda. A solas, sin quitarle el camisón, la meten en el agua. En la habitación quedan Irene, Margarita y Marcela
-Váyase hermana. Sé de su buena intención pero yo no tengo consuelo.
-No vengo a consolarla. Trato de descubrir…
Se vio interrumpida por un extraño personaje que entró por la ventana, las tres mujeres se sobresaltan. El hombre, encapuchado y embozado, pide silencio llevándose un dedo a la boca. Margarita Cierra la puerta por dentro, mientras Irene intenta taparse. Sor marcela ha oído hablar de él, pensaba que era una leyenda…
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