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Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor sincera el Dom Sep 18, 2011 2:19 pm

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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor almudena el Dom Sep 18, 2011 3:40 pm

:lol: :lol: :lol: :lol: Qué bueno sincera :lol: :lol: :lol:
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor sincera el Dom Sep 18, 2011 4:29 pm

Y tú no te despistes mucho que te le mando en tu busca también :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: ;)
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor almudena el Dom Sep 18, 2011 6:23 pm

:lol: :lol: :lol: :lol:
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor cibeles6 el Vie Sep 23, 2011 7:42 pm

Yo venía a decir que me he puesto al día con estos trocitos de la historia de Shere, como siempre exquisitos en su forma de describir detalles, que te hace estar presente en primera fila viendo toda la escena y me entristece lo poquito que se ha pasado por aquí, aunque luego viene Since y me hace sonreir con ese montaje de Aguila Roja :lol:
Pues me quedo a la espera de que te pases por aquí, que eso significará que va mejor todo. Un beso fuerte ;)
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¡GRACIAS MARI CARMEN!
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Asesinato en los jardines del Palacio de Oriente

Notapor Quiero_quererte el Jue Sep 29, 2011 6:33 pm

Chicas, como estoy un poco tocailla de ánimo y la historia del tejado (la mía, no la de Lucra) es para terminar de cojer una depresión galopante, la dejo aparcada hasta que vea que mi humor no peligra.
Entre tanto he comenzado otra, llena de misterio, intriga, asesinato...

Espero que os guste.

Asesinato den los jardines del Palacio de oriente

I

Miraba sus manos recogidas, entrelazados los dedos sobre su regazo. La cabeza gacha, apenas atreviéndose a levantar los ojos en la estancia vacía.

Lanzó una mirada rápida, casi furtiva sobre los cortinajes negros en señal de luto. Unos sirvientes entraron y, como si no estuviera, ignorando su presencia, recogieron los manteles negros sustituyéndolos por otros de terciopelo granate. Descorrieron las cortinas y, subidas a una escala, las bajaron de sus carriles, haciendo que la luz penetrara de golpe, molestándola un poco.

Unos pasos, quizás de sonidos más regios, se acercaban desde la estancia contigua. Varias damas meninas entraron, abriendo la puerta de par en par. Los criados dejaron sus quehaceres inclinándose ante la puerta. La monja imita los movimientos suaves y acompasados de inclinación de los siervos, izando la cabeza al tener ante sí una blanca mano cubierta con anillos y pulseras de oro.

-Al fin os conozco, Sor Marcela. Os habéis hecho de rogar.

-Majestad – la monja sostuvo suavemente la mano de la soberana, besando el anillo.

Recoge la reina la mano y gira sobre sus pasos, sin pronunciar ninguna otra palabra, volviendo a la anterior estancia. No sabe qué hacer la monja, hasta que ve el gesto impaciente de las meninas, una de ellas, hace un movimiento de mano, casi imperceptible, invitándola a seguir a su majestad. Así hace, apenas levantando la cabeza para poder observar hacia dónde encaminarse, hasta llegar a un pequeño despacho coqueto, con estanterías llenas de libros en varios idiomas, predominando el alemán y el castellano. Espera que la reina se siente en un sillón. El resto de las damas lo hace sobre almohadones, algo característico de la corte española, heredado quizás de su cercano pasado árabe.

Busca con la mirada una silla y no la haya. La monja es inteligente y se percata de que su majestad es la única que ha de estar sentada en una silla en presencia real.

-Buscad acomodo, Sor Marcela.

-Estoy bien así, Majestad.

Traen una bandeja y la ponen sobre una mesita. Ante la chimenea, el juego de té brilla en la sombra y un olor amargo se entremezcla con el de las rosas de los enormes jarrones que llenan la estancia.

Contrasta en el vestido de la reina de terciopelo negro sembrado de perlas con la gorguera de seda blanca que tapa su escote y enmarca su rostro, de la misma manera que los ricos ropajes disienten con la pobre indumentaria de la monja.

En la pared, sólo dos cuadros “Judith y Olofernes” de Tintoretto y “Sísifo” de Tiziano. Pesada carga la que lleva esta reina, piensa Marcela. No necesita ver más para conocerla. El resto de la estancia se ve multiplicada por decenas de espejos.

- Majestad, mi más sentido pésame por la muerte de vuestro hijo.

-Sor Marcela, soy reina antes que madre. Como Judith, me debo a mi pueblo antes que a mí misma – dice señalando al cuadro que queda frente
al escritorio, como si en todo momento lo necesitara para recordarle que los deberes se anteponen a la mujer – Como madre, mi pena queda entre mi confesor el padre Juan Everardo y yo. Como reina, la vida sigue, la dinastía se continúa en la figura de mi hijo recién nacido.
“Por eso quitan el luto tan pronto” piensa la monja.

-Y ese es el motivo por el que os he mandado llamar. Desearía que fuerais vos quien escribiera una obra de teatro en conmemoración del nacimiento del futuro rey – la reina hizo una pausa en la que dejó escapar un imperceptible gesto de dolor, bajando la voz como por miedo a que el altísimo le tomara la palabra – si Dios quiere.

-¿Yo? ¿Por qué yo? Hay autores de renombre y yo ya soy anciana…

-Conozco vuestras obras, conozco el breve festejo alegórico de Noche de Reyes vuestro. ¿Quién mejor que la hija del gran Lope de Vega para festejar el bautizo de un rey?

-Me abrumáis señora.

La conversación fue interrumpida por un bullicio proveniente del jardín.

-¿Qué ruido es ese? Asomaos María Agustina – pide la reina.

La dama, trabajosamente se alza del cojín. El corpiño la aprisiona y el guardainfante casi no la permite moverse, pero hábilmente, con la destreza de alguien acostumbrado a esos ropajes, se alza sin perder la compostura acercándose al gran ventanal y mirando tras los cristales.

La muchacha palidece aun más si cabe y tapa su boca con ambas manos.

-Hay un hombre ahorcado en el jardín majestad.

El resto de las damas, casi de un salto se levantan para arremolinarse tras el vidrio.

-¡Señoras por favor! Inés, avisa al padre Juan Avelardo, Mari Bárbola, avisad al comisario. Hermana, deberíais bajar por si vuestra condición de monja pudiera ayudar en algo.



(fin del primer capítulo)
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor marii el Jue Sep 29, 2011 10:20 pm

Quieroooo fantasticoooo! ;)
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Guardame en tu corazón y que no se te olvide, que he muerto al perderte porque tú eras mi vida.
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asesinato en los jardines del Palacio de Oriente

Notapor Quiero_quererte el Vie Sep 30, 2011 12:43 am

Un capítulo más, he esperado a la noche porque así no me podéis pillar para pegarme por cargarme al pobre

Asesinato en los jardines del palacio de Oriente

II

-Ave María Purísima.

Mari Bárbola, la enana al servicio de su majestad, se santigua mientras aguanta las ganas de vomitar y se agarra rápidamente al manto de Sor Marcela, limpiándose con él el sudor de su frente sin ningún disimulo.

Se veía que había sido un muchacho joven y apuesto. Llevaba la camisa de lo que parecía un uniforme de jardinero, el pantalón había desaparecido y bajo los calzones, grandes manchas de sangre indicaban que había sido castrado. Estaba a la vez ahorcado y crucificado en un viejo olmo. El cuerpo, víctima de un ensañamiento intenso, era difícil de identificar. Moratones, la nariz y los huesos de los brazos y los pies partidos… hecho trizas, sin uñas y casi cubierto por completo por coágulos de sangre que indicaban que todas esas heridas se habían efectuado sobre el muchacho aún vivo.

Llegó el confesor acompañado de la dama que la reina había llamado Inés.

- Martín – susurró la dama sorprendida.

- ¿Lo conocéis?

-Es el jardinero de la marquesa de Santillana.

Los cascos de varios caballos suenan hasta la verja de la entrada de los jardines. Inés se tapa con la mantilla y el abanico al reconocer al comisario y sus hombres. Entra quedamente de nuevo en palacio.

Apenas echa una ojeada el hombre de negro manda bajar el cadáver.

-Tarde o temprano ocurriría. Ese mal nacido - balbucea.

-No deberíais maldecir.

-¿Quién sois vos decirle al comisario de la villa lo que ha de hacer?

-Mi nombre es Sor Marcela de San Félix.

-¿De veras? – Dice Hernán sonriendo cínicamente – Os conozco. ¿No sois la hija de Lope de Vega?

-Ahora sois vos quien me sorprende, no os creía tan versado…

- Pues ya veis - dice dando media vuelta y subiendo al caballo – Yo conozco a todo aquel que ha tenido juicio con la Santa Inquisición. No me gustan los poetas, ni los escritores. Viven del cuento.

El comisario azuza su caballo y marcha. Ella se da cuenta de que no hará nada, o al menos eso intuye. Preguntará a la tal Inés por la familia del muerto. Nadie mejor que una religiosa para dar la noticia y consolarlos.

El mastín de la princesa Margarita se acerca a olisquear el cadáver. Pareciera que en cualquier momento fuera a mordisquearlo como un trozo de carne cualquiera, hasta que uno de los criados lo espanta. El perro, manso y acostumbrado a juegos obedece manteniéndose a poca distancia, por si cae algún bocado.

-Quién pudo hacer tal cosa, por la santísima Virgen – balbucea el cura conteniendo las náuseas - No puede haber un ser en este mundo capaz de tal perversidad.

“Cosa del diablo, cosa del diablo” murmuraban las damas persignándose y escupiendo, como si con el sortilegio quedaran salvas de cualquier maldición por parte de a saber qué ente malvado.

Las moscas comenzaban a rondar el cadáver cuando fue al fin cubierto por una sábana.

(Fin del capi... dormid bien, mis niñas)
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor begoña el Vie Sep 30, 2011 1:44 am

Quiero así me he quedado :o :o :o :o me encanta tu historia y tu forma de narrarla, la encuentro completamente distinta a lo que nos tienes acostumbradas. Ya estoy deseando que sigas y saber quien ha hecho semejante barbaridad.
Me ha encantado toda la descripción de la reina, las meninas, el aposento...y meter en la historia la realidad de Sor Marcela.
Voy a disfrutar mucho con esta historia :D
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Gracias Sueña
Pienso en ti
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Re: Cajón Desastre, para dejar volar la imaginación...

Notapor mairavaninab el Vie Sep 30, 2011 2:56 am

¡Quiero! :o :o ¡Que horror! ¡Que dolor, pobre Martín! ¿Quién habrá sido? :?
Me gusta mucho toda la descripción, y que hayas introducido a Sor Marcela. :D Esperaré ansiosa a que continúes. :D

Un besazo y un abrazo bien fuerte. ;)
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