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"La sonrisa vertical y...La Giralda"

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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 5:48 pm

92
La lluvia hizo acto de presencia aquella noche.
El suave tintineo de las gotas de agua sobre los cristales provocó que Margarita se cobijara bajo las sábanas mientras escuchaba el sonido intermitente de la lluvia. Era relajante y nostálgico a la vez, pues le traía hermosos recuerdos vividos con Gonzalo cuando él fue su protector, su guardián…su esposo.
Y pensando en esos momentos, por fin se quedó dormida y sumida en un profundo sueño. La tisana de plantas que le habían preparado surtió efecto.
De pronto, empezó a inquietarse sobre la cama. Soñaba con Gonzalo, le veía alejarse de ella y eso le incomodaba. Le echaba tanto de menos que deseaba que estuviera a su lado. No podía acercarse a él y cuando lo hacía, volvía a separarse, alejándose nuevamente de ella. Margarita sollozaba y gemía atormentada.
Inconscientemente gritó:
-¡Gonzalo!
Un estrepitoso estruendo retumbó en la habitación, un trueno. La tormenta era tan fuerte, que el viento abrió con furia una de las ventanas de su dormitorio.
Ella se despertó de pronto y se incorporó sobre la cama asustada y algo aturdida por la tisana. La fuerza del aire levantaba agitando las cortinas, a la vez que las hojas de la ventana se batían en un abrir y cerrar incesante, chocando con brusquedad en los laterales de las paredes de la estancia, provocando un ruido espantoso.
Margarita se levantó tambaleante de la cama, apenas podía mantenerse en pie, pues las piernas le pesaban y acudió a cerrar la ventana mientras la habitación seguía a oscuras. Consiguió cerrar los postigos con suma dificultad ya que el viento era demasiado fuerte y cuando se disponía a volver a la cama, de pronto, escuchó abrirse lentamente la puerta de su alcoba.
Ella se detuvo en medio de la estancia. Llevaba puesto un fino camisón de encaje, que a la luz de los rayos se podía distinguir la femenina silueta de la dama que estaba de pie mirando hacia la puerta y que en ese preciso instante, ella pudo apreciar una sombra que se aproximaba a ella.
Él se acercó lentamente y Margarita en ese preciso instante intuyó que era Guillermo. Pero se sentía tan adormilada que se sintió confusa. De pronto no podía distinguir el sueño de la realidad.
-Margarita, ¿Estás bien?
Ella, aturdida no reconocía la voz de Guillermo, era más parecida a la de Gonzalo o tal vez era lo que a ella deseaba…No podía estar segura y tampoco podía discernir la realidad que estaba viviendo.
La habitación estaba tan a oscuras que solo podía apreciar una esbelta silueta varonil.
La dama no respondió, apenas podía mantener los ojos abiertos y la oscuridad tampoco ayudaba.
Él se acercó despacio. Margarita quedó inerte ante la inquietante figura que tenía ente ella y se quedó rígida como una estatua en el centro de la habitación. Estaba tan asustada y confundida que aguantó la respiración. Le temblaban tanto las piernas que pronto intuyó que se iba a desmayar y así fue, pero antes de caer al suelo, Guillermo con suma habilidad, la sostuvo entre sus brazos evitando que cayera desplomada.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 5:57 pm

93
Ella quedó inerte en sus brazos pero temblorosa y él la depositó con suavidad encima del colchón.
Encendió una vela y observó como la dama se agitaba inquieta, estaba claro que algo le incomodaba. En su estado de inconsciencia ella se batía en una lucha entre sueños.
El Conde la contemplaba con detenimiento y sin poder evitarlo, acercó su rostro al de ella para besar sus labios. Contempló la belleza de ese cuerpo de tez morena que brillaba al suave reflejo de la luz de la vela y observó sus pechos erguidos que se dejaban traslucir bajo la delicada tela del camisón. Guillermo se quedó sin respiración. Sabía que si se quedaba allí explotaría de deseo y acabaría por hacerla suya. Se incorporó para dejarla descansar y en ese instante Margarita se movió queriendo despertar, alargando sus brazos para atraerle de nuevo a su lado y él se sentó a su lado.
-No…no te vayas, no me dejes sola- Suplicó ella con los ojos cerrados.
Guillermo se sintió confuso y extrañado a la vez por la actitud tan desinhibida que ella le demostraba cuando días atrás le rehusaba.
Inclinó la cabeza y la besó despacio a pesar del anhelo apremiante que sentía su cuerpo por poseerla.
Margarita seguía con los ojos cerrados y quiso tocarle el rostro, pero él no se lo permitió. Atrapó su mano para depositarle un dulce beso sobre su dorso y con delicadeza colocó la mano sobre el pecho de él.
Su camisa de hilo estaba entreabierta y ella, de manera casi inconsciente, acarició despacio con sus dedos el torso fuerte y masculino del hombre que se inclinaba sobre ella.
Guillermo gimió, reaccionando a su ligero contacto. Margarita quiso pronunciar su nombre, “Gonzalo” pero él no se lo permitió. Silenció su boca sellándosela con un cálido beso en los labios, saboreándolos y vio que ella se calmaba gimiendo con dulzura, reaccionando a ese beso.
Ella estaba sumida en una fantasía dónde estaba él, Gonzalo. Inconscientemente segura de que él se encontraba en la habitación con ella. “Es Gonzalo, está aquí conmigo… ¿Cómo puede ser?” pensaba. La voz no podía salir de su cuerpo a la vez que mantenía sus ojos cerrados. Era como estar atrapada en ese idílico sueño.
Guillermo sintió que ella respondía a sus caricias y a pesar de que estaba adormilada quería pensar que tal vez la dama le deseara, pues últimamente su relación con ella era mucho más cordial, sobre todo, cuando estuvieron juntos en el cenador.
-Margarita…¿Estás segura?-Susurró desconcertado, intuyendo que no recibiría respuesta.
Ella suspiró profundamente y quiso tocarle nuevamente.
-Sabía que volverías- Dijo ella con un suspiro.
-¿Lo sabías?
-Sí- fue más bien un sonido que salió de su garganta, débil y erótico pues su mente seguía atrapada en el laberinto de los sueños.
Guillermo sonrió al oír eso y acarició con la yema de su pulgar los labios de la dama, y que ella abrió ligeramente.
Entonces él, lentamente deslizó una mano por el cuerpo de ella, trazando un surco con sus dedos desde su escote hasta su ombligo.
Las manos del hombre que acariciaban su torso por encima de la tela de su camisón, parecían arder mientras se deslizaban con delicadeza sobre el cuerpo de la dama.
Ella se arqueó ante él de manera inconscientemente seductora, ante la sensación placentera que ese hombre la estaba llevando.
Él, lentamente desató las cintas de su camisón y descubrió su pecho. Pasó una mano por uno de sus senos y con una suave caricia lo apretó entre sus dedos. Casi gruñó de deseo al notar que los pezones se endurecían bajo su tacto.
Pronto un calor invadió el cuerpo de ella. Margarita se estaba hundiendo en un mar de nuevas sensaciones sin poder pensar con cordura ni por un segundo. Se sentía devorada por una pasión que ardía con más intensidad con cada nueva caricia. Sin embargo, ella deseaba más, y nuevamente curvó su cuerpo ante él soltando el aire de sus pulmones con un suave jadeo, dejándose llevar por la excitación del momento.
Ella seguía receptiva a sus caricias y él sentía cada vez más el pulsante y ansioso deseo de tenerla bajo su cuerpo.
Margarita se agitó de nuevo sobre la cama, haciendo un leve gemido de placer. Su pelo cubría parte de su rostro lo que le hacía más provocativa. Guillermo la observaba en silencio, fascinado de la hermosa dama que tenía ante él, a la vez que pensaba en lo exquisita que era. Con su tacto sentía la calidez de su cuerpo flexible y sedoso.
Margarita seguía sumida en un maravilloso sueño. Gonzalo estaba allí, con ella, acariciándola y le hacía sentirse muy excitada.
Guillermo ya no podía dominar más sus emociones, así que le arrebató totalmente el camisón para tenerla desnuda ante él.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 6:12 pm

94
Él, se deshizo de su camisa y del resto de su ropa. Deslizó una de sus manos hacia la satinada suavidad entre las piernas de la dama y sus dedos se introdujeron en ellas con delicadeza.
Al sentir esa primera caricia entre los muslos, todo el cuerpo de Margarita se tensó.
Guillermo se posicionó de rodillas sobre el lado de la cama, separando las piernas de la dama para colocarse en medio y le pasó las manos por debajo del cuerpo. Le levantó la cintura, haciendo que se arqueara hacia él y se inclinó para besar la suave curva de su cadera. Después, él la tumbó de nuevo, suave e inexorablemente sobre la cama y jugó con la lengua por encima del valle de su entrepierna. Ella aguantó la respiración y él, penetró con su lengua en esa pequeña concavidad con suavidad…lentamente.
Margarita emitió un gemido de placer, era tan intenso que le invadió una corriente de excitación por todo el cuerpo provocando que él no pudiera aguantar más. Él, sintió como se le anudaba el deseo en su estómago y se sentía envuelto en un poderoso hechizo, esa mujer era demasiado para él.
Era tan tentadora que sintió que perdía el control.
Acercó su boca a la de ella mientras le separaba aún más las piernas. Pasó dos dedos por el vértice de ella y notó que estaba húmeda, ya estaba preparada para recibirle. Entonces le subió los brazos hacia el cabecero de la cama sujetándole las muñecas.
Margarita quiso bajar los brazos para tocarle pero él no se lo permitió.
-Shuuuusss…No quiero que las bajes, no te haré daño, solamente aumentaré tu placer - Le Susurró él cerca de su oído, rozando con sus labios su cuello.
Ella se dejaba llevar por el erotismo y la pasión apremiante que le envolvía y él, siguió besándola con mayor ardor, en su imparable lujuria por tomarla. Penetrando con su lengua la boca de ella. El aliento de ese hombre era deliciosamente cálido y sus caricias le hacían soñar, pues eran tan suaves como las de Gonzalo.

Estaba encendido de deseo; su abstinencia con ella había sido demasiado larga y anhelaba poseerla como jamás antes lo había anhelado con ninguna otra mujer.
Margarita se retorcía desnuda contra él como una gata en celo. Mientras él, deslizaba su cuerpo sobre ella metiéndose entre sus muslos, para introducir lentamente su miembro duro y erecto dentro de ella.
Margarita bajó sus manos y tocó los brazos de él, esta vez él sí se lo permitió. Ella podía sentir como sus bíceps y antebrazos estaban musculados por la fuerza que ejercía para sujetarse a ambos lados de la cama. La fuerza de su cuerpo delataba el deseo que sentía por esa mujer con sus movimientos rítmicos y sensuales, que cada vez eran más fuertes. Para ella, Gonzalo era el que le estaba haciendo el amor con la misma pasión y ardor que siempre.
La habitación seguía a oscuras, excepto por el débil resplandor de la llama de la vela que dibujaba las sombras de los cuerpos en las paredes, creando una suntuosa escena de pasión.
Él, pasó uno de sus brazos bajo la cintura de ella para atraerla más hacia su cuerpo, con desesperación, mientras que con la otra volvía a subirle los brazos por encima de la cama. Disfrutaba del dominio que ejercía sobre ella.
-No los muevas de ahí-Le ordenó de nuevo bajo un susurro.
Margarita se dejó llevar por sus palabras exhalando un suspiro. Su voz era tan viril y a la vez tan seductora que bajo su inconsciencia la hipnotizaba.
Sus embestidas iban despacio, fue delicado esta vez. Su cuerpo se movía con lentitud hasta ir aumentando su intensidad. Él, sentía como todos los músculos de su cuerpo se tensaban ante tal excitación. La piel de la dama era tan suave y cálida que hacía que el corazón de él latiera con fuerza. Solamente pensar que era suya y que podría tenerla para siempre, le llevaba a una excitación arrolladora.
La deseó desde el primer instante que la vio y ahora, la tenía ahí postrada bajo su cuerpo, sintiéndola gemir y gozando de placer junto a él mientras la besaba con fervor en los labios.
Los movimientos eran cada vez más enérgicos y tan vigorosos que movían todo el dosel de la cama, hasta que él ya no pudo más y llegando a un imparable orgasmo, liberó su simiente dentro de ella.
Se sostuvo con los brazos para no desplomarse sobre la dama, pues no quería lastimarla y recuperando el aliento, lentamente se separó de ella.
Se levantó con cuidado, le puso el camisón y la arropó con la sábana. El rostro de ella se había relajado y dormía plácidamente. Recogió su ropa y se marchó en silencio.
Los truenos retumbaban en la estancia y los rayos reflejaban un ápice de claridad. Sin embargo, Margarita no quería despertar de ese maravilloso sueño. Con un suspiro indolente giró sobre sí y arropándose con la sábana siguió dormida.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 6:23 pm

95
El plan había funcionado. En cuanto la pólvora estalló, la guardia se formó dirigiéndose con avidez hacia el lugar de la explosión dando el tiempo suficiente para que se despejase la zona y que Gonzalo consiguiera entrar en los subterráneos, dirigiéndose raudo por el pasadizo secreto que conducía a los aposentos del rey.
No fue difícil, pero el pequeño plano le fue de gran ayuda. Eso y la poca guardia que quedaba en palacio, hicieron que él pudiera ir más rápido hacia su destino.
Todos los túneles estaban iluminados con antorchas, pero eran demasiados, y sin el plano le hubiera sido casi imposible llegar hasta el rey.
Según el plano, el último pasillo era muy estrecho. Era el que le conduciría directamente hacia una escalera de piedra, sin embargo, al fondo del estrecho corredor se topó con una pared de piedra.
“¿Dónde está la escalera?” pensó- “No tiene sentido esta pared” Al instante, observó cómo una de las antorchas que había a ambos lados del pasillo estaba ligeramente ladeada de su sitio, en una posición inusual. Él intuyó que se trataba de algo más y la giró para ponerla en su posición inicial. De inmediato, la pared del fondo se desplazó hacia un lateral a modo de puerta y descubriendo una estrecha escalera de piedra en dirección ascendente.
El Águila, raudo subió por ella hasta llegar a una puerta que parecía comunicar con el interior del palacio.
Antes de abrirla comprobó que la puerta tenía una pequeña mirilla. Acercó su rostro para observar que tras ella se hallaba una de las dependencias reales. Enfrente, había una cama y a la derecha un lujoso escritorio donde se apilaban numerosos pergaminos.
Efectivamente, estaba en la habitación del rey. Pero él no se encontraba en ese momento. Pronto el Águila intuyó que la explosión le había alertado y seguramente había salido a comprobar lo ocurrido.
Debía esperar…
Al instante escuchó cómo el monarca entraba en su estancia acompañado por varios de sus consejeros. La explosión le había levantado de la cama ya que llevaba puesta una vistosa bata y regresaba a sus aposentos bastante enojado.
-¡Quiero saber de inmediato qué ha pasado…!- Ordenaba él mientras entraba en su alcoba.
-Majestad, la guardia ha rastreado la zona y aún siguen haciéndolo, pero le podemos asegurar que no han encontrado nada sospechoso. Solamente ha sido una explosión. Han debido ser unos asaltantes o tal vez campesinos del pueblo en desaprobación por la subida de impuestos, quizá sólo haya sido eso majestad, un acto de protesta- Respondió uno de ellos.
El rey fijó su mirada en él, frunciendo el ceño y apretando la boca.
-No me asegures algo de lo que ni siquiera tú puedes estar seguro.
El consejero, acobardado bajó su rostro ante él y el rey se dirigió al resto.
-No permitiré que ningún asaltante merodee por las inmediaciones de mi palacio creando un polvorín. ¡Vayan a buscar a su capitán y traigan a los soldados de inmediato! Quiero que rodeen todo el edificio y que aumente la guardia dentro de él- Terminó alzando el tono de su voz.
Todos los miembros del consejo salieron de la estancia del rey para efectuar la orden y por fin el monarca quedó solo.
Se giró para ir de nuevo a la cama. En ese momento, el Águila entró con sigilo en la alcoba y ávido se dirigió hacia la puerta de la entrada para cerrarla con la llave, que estaba puesta en la cerradura. El rey se giró sobresaltado y el Águila se acercó a él lentamente con calma para quedar frente a él.
-Majestad, no gritéis, no voy haceros daño. Por favor, no temáis.
El rey quedó estupefacto al escuchar las palabras del individuo que tenía ante él y no le dio tiempo a reaccionar para avisar a la guardia.
El Águila levantó sus manos para darle a entender que venía en son de paz. El monarca pudo observar cierta nobleza en los ojos de aquel embozado y entonces intuyó que no le haría daño.
Algo más relajado Felipe IV le preguntó:
-¿Has sido tú el que ha provocado todo este caos?
-Lo siento majestad, pero debía hablar con vos. Es… de suma importancia.
-Está bien, te escucho… ¿Acaso me queda otra opción?- Preguntó con ironía.
El rey se sentó relajado sobre un lado de la cama y el Águila le dijo:
-Majestad, el pueblo se está preparando para un alzamiento contra vos y la nobleza. Si sigue aumentando los impuestos provocará una sublevación. Ya no les queda nada…sus cosechas les han sido confiscadas y si esto sigue así, muchos campesinos morirán de hambre- Hizo una leve pausa. El rey guardó silencio fijando su mirada en él y el héroe prosiguió diciendo:
-¿Cómo podéis permitir que vuestro reino se hunda en la miseria? ¿Habéis pensado en la cantidad de gente que morirá si vos no lo remediáis?
El rey se levantó ante su insolencia y posicionándose ante él preguntó enojado:
-¿Cómo osas hablar así a tu rey? ¿Quién te crees que eres?
El Águila bajó su rosto ante él y añadió:
-Por favor, Majestad, no os alteréis…necesito que entendáis lo que el pueblo está sufriendo y que pongáis remedio a esta situación.
El rey apretó sus labios enfurecido. Su soberbia crecía por momentos y el Águila veía que no era un hombre fácil de convencer.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 6:27 pm

96
Entonces el héroe tenía que jugar sus cartas, sabía que debía darle algo a cambio y añadió:
-Está bien majestad, si hacéis lo que os pido y escucháis las necesidades del pueblo yo os proporcionaré una información muy valiosa para vos…muy valiosa para el reino, se lo puedo asegurar- remarcó con firmeza sus palabras.
El rey se mostró reticente y le gritó alterado:
-¿Intentas coaccionar a tu rey? ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer?…¡Yo soy tú rey!

El Águila levantó la cabeza y frunció su ceño ante él, mostrando su enojo. Estaba claro que era demasiado arrogante y no daría su brazo a torcer, entonces él también alzó exaltado el tono de su voz y esta vez se hizo notar.
-Si no hacéis lo que os pido seréis responsable de lo que ocurra a partir de ahora. No estaré para protegeros y vos no podréis proteger a vuestra familia. Si cambiáis de opinión bajando los impuestos y devolviendo parte de lo que le habéis quitado al pueblo, enviaré a alguien para que os de esa información tan valiosa que poseo.
El rey vio que ese hombre tenía coraje, le hablaba con sinceridad y de hombre a hombre. De alguna extraña manera eso le hizo bajar su arrogancia, pues era la primera vez que uno de sus súbditos se dirigía a él con esa franqueza, como lo había hecho el Águila.
El monarca se acercó hacia su mesa, dándole la espalda y sincerándose con él añadió:
-Nuestro país está pasando por una de las peores crisis…las arcas reales están vacías y ya no nos queda dinero para sufragar nuestros ejércitos…¿De dónde vamos a conseguir el dinero si no es subiendo los impuestos? Y al ejército hay que alimentarlo- Terminó inspirando profundamente.
-No puedo responder a eso majestad…Tal vez podamos hallar una solución.
-¿Podamos?- Interrumpió el rey volviéndose de nuevo hacia el Águila para decirle cara a cara:
-No es tan fácil…dime ¿Cómo podrías tú hallar una solución a esta crisis?- Le preguntó con cierto sarcasmo y añadió: - Tú eres el héroe del pueblo…¡Contesta!
El Águila respondió ante él:
-Quizá, cuando vos obtengáis la información que poseo, vuestra majestad pueda conseguir algo más. De momento no podéis hundir a vuestro pueblo en la miseria...Tenéis que pensar en eso Majestad.
El rey guardó silencio un instante y luego preguntó:
-¿Me darás esa información tan valiosa? ¿Puedo confiar en ti?
El Águila asintió.
-Tenéis mi palabra de que así lo haré.
El rey, de nuevo, inspiró profundamente. Se giró hacia su mesa y al volverse, el águila ya no estaba.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 6:34 pm

97
A la mañana siguiente, el sicario del conde se puso a buscar de inmediato al maestro. Llegó al barrio de San Felipe y se dirigió a la taberna de Cipri.
El tabernero, como siempre, se encontraba atareado en sus quehaceres atendiendo a la clientela que tenía para el desayuno y el sujeto se sentó a una de las mesas.
Cipri, pronto se fijó en él. La indumentaria no era la de un campesino ni tampoco la de un noble, pero se podría decir que no iba mal vestido.
Naturalmente Cipri se acercó a él con una jarra de vino para servirle.
-Buenos días señor, ¿Desea desayunar unas migas con chorizo?
El sujeto asintió y antes de que Cipri se marchara a por las migas el sicario le preguntó:
-¿Conoce a un tal…Gonzalo de Montalvo? Tengo entendido que es maestro de escuela en este barrio.
El tabernero en ese momento se mostró desconfiado. Aquel hombre mantenía una mirada fría y el sonido de su voz sonaba hosco.
Por alguna extraña razón Cipri no quiso responderle. Nunca le había visto antes por el barrio y fue cauto, así que desconcertado le preguntó:
-¿Quién le busca?
-Eso no te incumbe tabernero- Respondió el mercenario secamente.
-Lo siento, pero no vive por aquí. Mejor pregunte dos calles más abajo- Fue astuto, pues ahora le gustaba menos que antes.
Corrían tiempos difíciles. Cipri se mostraba desconfiado y más con quien no se identificaba. Así que el sicario se levantó de la mesa, sacó su bolsa para pagarle y se marchó por donde había venido.
Cipri le miró extrañado mientras el individuo se dirigía hacia la puerta para salir.
En ese momento el tabernero miró hacia la mesa y se dio cuenta de que el indivíduo se había dejado un papel. Él lo cogió para devolvérselo, pero el hombre se había marchado con rapidez. En ese momento entraba Satur a la taberna, cruzándose con el sujeto, y sin percatarse de ello fue directamente hacia Cipri, que no apartaba la mirada de la puerta.
-Buenos días Cipri. Venía a por unas migas para el desayuno de mi amo.
Cipri ni le escuchó, se mostraba pensativo fijando su mirada hacia la puerta. Satur extrañado, se volvió hacia donde miraba Cipri.
-¿Qué pasa Cipri?- En ese momento, el tabernero saliendo de su aturdimiento saludó a Satur.
-¡Satur! No…nada…es sólo que el individuo ese que acaba de salir por la puerta me preguntó por Gonzalo. Le dije que preguntara dos calles más abajo. No sé por qué, pero ese tipo me da muy mala espina…¡Ah! Se olvidó esta nota sobre la mesa. He estado a punto de devolvérsela pero no he podido Satur, me ha dado miedo.
-Déjame ver qué pone- Satur cogió el papel y comprobó que lo que había anotado era solamente el nombre completo de Gonzalo, “Gonzalo de Montalvo”.
-¿Qué pone?- Preguntó Cipri intrigado, pues no sabía leer.
-Nada Cipri, sólo el nombre de…una calle- Añadió Satur –Yo se la devolveré,…ahora mismo voy a buscarlo.
-Bueno, pues yo tengo que seguir trabajando- Dijo éste sin más dilación, volviendo a su tarea.
Satur salió de la taberna con la nota en la mano y fue directo a la casa. Entró con suma rapidez, buscando a su amo, hasta que le encontró en el patio.
Gonzalo estaba preparando el caballo para salir. Había quedado con el rebelde esa misma mañana para informarle sobre la conversación que tuvo con el rey la noche anterior.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 6:40 pm

98
Satur preocupado, fue directo hacia él.
-Amo, tengo… que contarle algo- Se mostró algo fatigado y con la respiración entrecortada.
Gonzalo se detuvo en su labor para prestarle toda su atención y el criado le informó:
-Cipri me ha dicho que un individuo ha ido a la posada preguntando por usted, pero que nunca le había visto por el barrio. Me dijo que le daba muy mala espina y por eso no quiso decirle dónde vive…mintió para alejarle de esta zona.
Gonzalo frunció el ceño extrañado:
-Espera Satur…¿Quieres ir más despacio? ¿Qué me quieres decir?
Satur continuó más calmado:
-Pues verá amo, el caso es que cuando ese individuo se marchó, se olvidó esta nota en la mesa y lleva escrito su nombre completo- dijo manoteando la nota.
Gonzalo cogió la nota y la observó despacio. En una esquina del papel parecía apreciarse una sutil mancha color rosácea.
-Está bien Satur, termina de preparar el caballo - Le ordenó él, apoyando la mano sobre el hombro del criado a fin de tranquilizarle.
Gonzalo entró en la cocina mirando con detenimiento el papel y acercó una vela para visualizar mejor la mancha. Entonces percibió que no se era una simple mancha, se trataba de algo más.
Presuroso subió a la guarida.
Puso el papel sobre la mesa, acercó una vela, cogió una lupa y colocó el papel debajo. Al instante pudo comprobar que se trataba del calco de un sello. Entonces fijó toda su atención y observando con la lupa se dio cuenta de que se trataba del escudo de un noble…concretamente de la Casa de Saldaña.
Satur entró en la guarida.
-Amo…¿Qué pasa?- Preguntó intrigado.
Gonzalo se giró hacia él.
-Satur, esta nota viene de la Casa de Saldaña.
El criado, extrañado le volvió a preguntar:
-¿Y eso qué quiere decir?
-Que el que me busca viene de allí. No estoy seguro, pero sospecho que puede ser un sicario del conde.
Satur se llevó las manos a la boca asustado.
-¿Cómo puede estar seguro de eso amo?
Gonzalo se acercó al criado.
-Sólo hay una razón Satur. Margarita, durante la fiesta me contó que intentó enviarme una carta y el conde se la arrebató en la biblioteca. Seguramente ella había escrito mi nombre y…si Margarita escribió en esa carta todo lo que me contó sobre los planes del conde, lo más seguro es que él piense que ella vuelva a intentarlo y por eso debe acabar conmigo, Satur. Está claro que soy una amenaza para él.
Satur no daba crédito a lo que estaba oyendo y llevándose las manos a la cabeza exclamó:
-¡Ay…madre!...¡Si es que no salimos de una y nos metemos en otra mayor...Amo! y ¿Qué piensa hacer?
Gonzalo quedó pensativo un instante y luego añadió con premura:
-Tengo un plan. Si lo que quiere es matarme, me matará Satur.
Satur, asombrado, abrió exageradamente los ojos y poniendo las manos en su cara, exclamó: -¿Queeeé?
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor LLUNA el Sab Abr 11, 2015 7:15 pm

Estooooo... Frida... ¿tienes más tisana de esa por ahí? :o :o Eso es eficacia y lo demás tonterías !!! :lol:
Que se le ha ocurrido ahora a Gonzalo... no puede ser con este hombre :roll: ¡¡Ay, ay, ay!
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Vosotras sois el verdadero regalo, simplemente por estar ahí.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 7:47 pm

99
Margarita se despertó algo mareada por la tisana. Pasó las manos por su cara para despejarse y se levantó para abrir las ventanas.
Hacía un día espléndido. Después de la noche de tormenta había amanecido con un cielo totalmente despejado.
No recordaba nada de la noche anterior aunque se sentía algo dolorida, sobre todo en la cara interna de los muslos.
De pronto, se sintió húmeda y la piel pegajosa como de haber sudado en la noche. No quería bajar a desayunar sin darse antes un buen baño.

Pronto las doncellas entraron en la alcoba para atender a Margarita y ella ordenó que le preparasen la tina.
Se bañó y se sintió fresca y despejada.
Después de secarse, se vistió y se sentó frente al tocador para cepillarse el pelo. De inmediato se dio cuenta de que tenía un cardenal en el cuello, cerca de la oreja izquierda. Extrañada acercó su mano allí y lo observó con detenimiento. “¿Cómo me he hecho esto?”, pensó.
Y sin darle mayor importancia, terminó de arreglarse el pelo y bajó a desayunar.

El estómago le dolía terriblemente y tenía más apetito que de costumbre.
Entró casi con miedo al salón. Temía encontrarse con Guillermo, aunque sabía que sería lo más lógico que él estuviese allí.
Pero no, el conde no se encontraba en el salón, sin embargo la mesa estaba puesta para ella.
-Buenos días Señorita- Le saludó Rodrigo con amabilidad.
-Buenos días Rodrigo…¿Dónde está el conde?- Preguntó ella desconcertada.
-Salió esta mañana temprano. Tenía que solucionar unos problemas con los campesinos que trabajan en las tierras y no volverá hasta la noche.
Margarita le sonrió. Se sintió aliviada de que al menos ese día estaría tranquila.
-Señorita, ordenaré que le traigan el desayuno de inmediato.
Margarita asintió y se sentó a la mesa.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor FRIDA el Sab Abr 11, 2015 7:51 pm

100
Gonzalo se puso su traje de Águila y rápido se dirigió hacia el antiguo puente del bosque, como había quedado con el rebelde. Antes tenía que ver al insurrecto y luego se prepararía para buscar al sicario.
Pronto llegó a su destino y se encontró con él.
Ambos bajaron de los caballos para verse frente a frente y los dos estaban embozados.
El insurrecto se bajó el embozo mostrándole su rostro pero el Águila no lo hizo.
-Me alegro de volver a verte Águila. ¿Qué noticias traes?
El Águila respondió:
-No fue tarea fácil convencer al rey…créeme.
Pronto le puso al tanto de que el rey bajaría los impuestos y devolvería al pueblo parte del trigo que le había arrebatado.
-No puedo creer que el soberano te haya escuchado- Le dijo el sujeto soltando una carcajada.
El Águila sonrió también bajo su embozo y añadió:
-Ahora debes mantener a tu gente en calma, debéis esperar a que el rey actúe y no dudo que pronto lo hará.
El insurrecto guardó silencio un instante y luego le preguntó desconcertado:
-¿Cómo puedes estar tan seguro de ello?
-Lo hará-El Águila contestó tajante, no quiso contarle más de lo necesario.
-Confío en ti- Añadió el individuo- Sólo espero que el rey cumpla con su palabra.
El Águila no añadió nada más a su comentario y montó a lomos de su corcel para marcharse.
-Pronto lo sabremos- Dijo él mientras espoleaba al equino.
Ambos se despidieron y se marcharon por distintos caminos.
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FRIDA
 
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