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"La sonrisa vertical y...La Giralda"

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"La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor Nereva el Dom Mar 06, 2011 11:42 am

Queridos foreros /as, en vista de que nuestra serie está escasa de escenas de naturaleza erótica entre los protagonistas, me animo a abrir este hilo, donde se colgarán escenas única y exclusivamente de este tipo. Servirá para recopilar todas aquellas escenas que nuestras escritoras han creado desde que la serie comenzó. Escenas tremendas, pasionales y de quitar el hipo. Así mismo será el cajón de todas aquellas creaciones que se os pasen por la cabeza. Todos/as teneis un espacio aqui.

!Que se desate la imaginación!. Sin censura ( excepto la del pijofiltro, aunque tranquilos/as, se ve que le gusta la "marcha"

Espero que pasemos buenos ratos aqui, y lo pasemos en grande. :lol: :lol:
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor farfán el Dom Mar 06, 2011 11:53 am

jajaja por favor explñicarme el nombre del hilo....uff dsp de la pechá de leer q me di anoche (gracias Nere) solo digo una cosa...habeis vuelto a engancharme, pero tengo un problema, q soy algo torpe y ando un poco perdida, espero ponerme al dia!!!!! :? :oops:
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor Nereva el Dom Mar 06, 2011 12:00 pm

La sonrisa vertical es una colección literaria de ediciones Tusquets, que recopila literatura erótica. La Giralda es....¿ no recuerdas a Satur cuando metió relleno en el traje?....pos eso mismo.

Qué alegría que hayas vuelto Farfán!!! Te iremos poniendo al tanto. :lol:
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor Nereva el Dom Mar 06, 2011 12:10 pm

Bueno, en espera que que lleguen las niñas y cuelguen las suyas, pongo las mías, para que esto empiece a funcionar.

Baile y encuentro con el águila
Autora: Nereva

Música: http://www.youtube.com/watch?v=HXDbxVmr0ao

-Sólo es un baile….sólo es un baile- no cesa de repetirse a sí misma Margarita mientras ejecuta la danza, vacía de sentimientos y emociones.
Al entrar en la Taberna encontró a los tres hombres esperándola junto con un Cipriano nervioso y visiblemente alterado, como si supiesen que aquella noche a ella se le vendría el mundo encima, tal y como había ocurrido y que como consecuencia ella caería en sus redes. La invitaron a vestirse con aquellos ropajes que la hicieron sentir nauseas, al ser casi idénticos a los que utilizaron los captores de su secuestro y después tomaron asiento. Suaves velas iluminaban el ambiente totalmente envuelto en penumbras y una agradable melodía llenaba el espacio.

Margarita había aprendido a bailar la danza oriental cuando era una niña. Su madre era morisca catolizada y había emigrado con su familia desde Granada. Todo el mundo sabía que Margarita tenía sangre morisca, aunque nunca nadie se atrevió a denunciar a su familia porque respetaban al padre, que durante largos años fue el herrero de la villa. Su hermana Cristina provenía de un matrimonio anterior, por lo que no compartían mestizaje. Recordaba cómo le gustaba a Gonzalo en su adolescencia que ella le bailara y le contara aquellas historias que su madre le transmitía, sobre tierras lejanas y exóticas. Y eso era ella para él, una flor exótica. A veces cuando se encontraban a solas la llamaba “Yasmin”, su flor blanca y fragante. Gonzalo….siempre Gonzalo. Su nombre estaba grabado a fuego en su piel, su corazón y su alma.

El baile fue incrementando la intensidad y la velocidad. Margarita agitaba su melena de forma casi furiosa y exaltada. La música cesó, y ella finalizó su danza cayendo de rodillas con el torso inclinado hacia atrás de forma que su melena se desplomó en cascada por el suelo. Alzó su mirada hacia las vigas del techo y lo vió. Él estaba allí, descendiendo vertiginosamente. La negrura de su capa la envolvió y ya no pudo ver nada más.
Gonzalo está fuera de sí, atacado por intensos sentimientos contradictorios. Por un lado la cólera le invade, sólo pensar en cómo Margarita había vuelto a comportarse de forma tan incauta le quema las entrañas. Por otro, está loco de deseo por ella. Jamás había sentido una pasión tan arrolladora. En cualquier momento toda su contención podría estallar sin remedio, pero extrae de sí mismo la fortaleza que le queda e intenta con toda su voluntad contenerse, para no hacer algo de lo que podría llegar a arrepentirse. No puede olvidar que en este momento es el Águila. ¿Acaso desea convertirse en su peor enemigo? Quiere volver a conquistar a Margarita como Gonzalo, ganarla día a día, demostrarle que la ama con toda el alma. Quiere hacer las cosas bien y la cercanía del águila a ella no le ayuda. Margarita, envuelta en su capa no para de pedirle que la suelte, pero el la lleva hasta su alcoba, que posee una ventana con fácil acceso al tejado. La tumba en la cama, y rápidamente da marcha atrás acomodándose en una esquina de la habitación. Así, alejado de ella, podrá pensar con más lucidez .Entonces Margarita, aún un poco mareada, se levanta y en vano intenta verle entre la penumbra de su habitación.
Margarita siente como el enmascarado se aleja de ella, pero sabe que sigue allí aunque no puede verlo.
-Águila..- le llama con voz susurrante.- se que aún estás ahí.


Al no obtener respuesta se levanta de la cama, y lo busca a tientas por la habitación.
-Sé que estás ahí, águila, por favor dime algo.- el tono de su voz se vuelve suplicante, y él corazón de él empieza a latir desbocado.
El águila sigue sin articular palabra, sería tan evidente para ella lo que él estaba sintiendo si su voz llenara el espacio que les albergaba. Por eso, se queda parado donde está, hierático con sus músculos en tensión. En cualquier momento ella dará con él, lo cual teme y anhela al mismo tiempo. Su voluntad flaquea, puede sentirlo, el corazón sigue bombeando sangre a toda velocidad y ahora los latidos se hacen más vibrantes y sonoros. Es un milagro que Margarita no se de cuenta. Su respiración se agita, le falta el aire. Desearía estar más cerca de la ventana para poder sentir el aire fresco, bajarse el embozo y aspirarlo profundamente.

Margarita avanza y a tientas palpa el ambiente, hasta que toca su pecho. Está agitado, puede notarlo. Sube y baja elevando su tórax de forma perfecta. Poco a poco desliza sus manos vacilantes por su torso, resguardado por su chaleco de cuero rojo. Lo siente duro, y suave, tal como lo recordaba. Margarita no dice nada, pero puede escucharse el sonido de su respiración agitada, un jadeo constante que a él le perturba sobremanera, mientras continúa ahí, expectante, intentando reducir al volcán que en cualquier momento explotará desarmándolo definitivamente. Imposible predecir las consecuencias. Margarita, sube tímidamente sus manos acariciando de nuevo el cuero de su chaleco, y llega hasta un pequeño hueco en el que puede sentir el tacto de su camisa negra. No desea nada más que explorar cada centímetro de ese hombre tan fuerte y poderoso. Están totalmente a oscuras y ella sigue alzando sus manos hasta encontrarse a la altura del embozo. Palpa su cara, por encima de la fina tela, que protege su identidad, estudia sus facciones por encima del tejido. Lo siente húmedo. Están tan cerca el uno del otro, que sería imposible que el aire corriese entre sus cuerpos. Gonzalo puede sentir el vaivén del pecho de ella en cada respiración.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor Nereva el Dom Mar 06, 2011 12:11 pm

Margarita, avivada por el fuego que la incendia, retira lentamente el embozo y la capucha que le impiden llegar a su objetivo y sigue explorando con sus suaves dedos su rostro, descubriendo así su sedosa barba, su largo pelo….como el de Gonzalo…tantas veces ha deseado sentir con él lo que ahora siente con este desconocido…

- Bésame- le dice Margarita inesperadamente- por favor no puedo más bésame.

Gonzalo pierde la razón y con un tremendo arrebato, la agarra de la nuca y la besa apasionadamente, un jadeo ronco casi animal sale de su garganta y fuera de control, lucha contra sus labios para sentirla más de lo que nunca soñó haberla sentido. Sus manos que instantes antes tomaban la melena rizada de ella, empiezan a deslizarse por su espalda recorriendo sinuosamente cada pliegue de la túnica de seda que viste a Margarita..Ella a su vez, lucha con el chaleco de él, intentando en vano sentir su duro torso, pero sus dedos temblorosos se habían convertido en su peor rival Él, infinitamente más hábil que ella desanuda su chaleco y los botones de su camisa, guiándola hacia donde Margarita deseaba, dejando a su merced sus marcados músculos. Con precaución se deshace de sus armas dejándolas caer sonoramente contra el suelo. Entonces, ella acerca los labios a su pecho llenándolo de lascivos besos, acariciando sus abdominales, su vientre plano y duro, jugando con su lengua hasta hacerle gemir de placer. Margarita disfruta al ver como las defensas del héroe han caído teniéndolo a su merced. Quien lo iba a decir…el águila roja, ese misterioso hombre, que tantas veces le había salvado y que tanto le recordaba a Gonzalo estaba ahí mismo con ella, apunto de hacerla suya. Sus besos le recordaban tanto a él… No el ímpetu y la pasión, puesto que ella nunca había sentido algo así con Gonzalo. Su amor adolescente fue vivido más desde la inocencia y la ternura y jamás sintió algo como eso. Gonzalo siempre la respetó. Pero ahora había fuego, algo indefinido que jamás había experimentado la abrasaba hasta llegar a sentir dolor, tal era la tensión sexual que sentía en aquel momento. Gonzalo fuera de sí la tomó entre sus brazos y la tumbó en el lecho. Era su turno. Ella gimió y suspiró profundamente cuando se sintió tumbada en su propia cama, presa de aquel hombre, sin escapatoria. La oscuridad reinaba en el ambiente, ni siquiera la luna se había atrevido a destapar su rostro, quizá por miedo a romper aquel momento. La noche parecía ser espectadora silenciosa de aquel arrebato y tan sólo eran audibles sus respiraciones entrecortadas. Volvió a besarla en los labios, sus lenguas parecían encontrarse en una lucha sin cuartel, parecían querer conquistar el espacio que ocupaban mutuamente. Por un momento él abandonó su boca para abordar su cuello, que mordisqueó suavemente acercándose peligrosamente a su escote. Mientras, ella adentró sus manos en su fuerte espalda, arañándole y hundiendo sus dedos entorno a su espina dorsal, a medida que él se aventuraba más en su cuerpo. Él exploraba con firmeza sus piernas, moviendo cadencialmente sus manos arriba y abajo. Tomó una de sus rodillas con una mano, mientras con la otra seguía enroscado en la larga melena de ella volviendo a besarla. Poco a poco, se deslizaba por su muslo con destino a sus caderas…y no paró ahí, se dirigía sin vacilación a aquel lugar donde ya no habría marcha atrás. Era tan hermosa, tan deseable…y el la amaba. Imposible resistirse. Sólo deseaba amarla, sentirla pegada a su cuerpo. Necesitaba poseerla pues se sentía morir de placer y esa sería su única salvación. Nada existía para él en ese momento excepto ellos dos. No había lugar para la reflexión, los impulsos le controlaban al completo. Definitivamente había perdido la razón. Se sentía totalmente suyo. Le pertenecía, sin más. Se estaba entregando por completo. Mientras tanto Margarita deseaba que aquel hombre la hiciera suya para dejar de sentir aquel dolor que sólo él podría calmar. Se sentía fuera de sí… jamás había sentido tanta excitación, deseo y locura al mismo tiempo, pues estaba percibiendo sensaciones desconocidas hasta ahora por su cuerpo….los olores, el tacto, su piel contra su piel, las manos de aquel hombre aguerrido y sin embargo tan delicadas y expertas en el arte del amor. Su sabor, el aliento que exhalaba…

- Gonzalo… - dijo inconscientemente en un hondo suspiro.

Abruptamente él se separo…Todo fue tan rápido que ella no tuvo tiempo a reaccionar. Tan pronto fue consciente del error cometido, él ya no estaba allí…sólo sintió una fuerte corriente proveniente de la ventana y después el vacío desolador. Se había ido.
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor lolast el Dom Mar 06, 2011 12:36 pm

Genial Nereva. Si saco tiempo estos dias a ver si me animo y escribo algo, aunque habéis puesto el listón muy alto !! :D
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor farfán el Dom Mar 06, 2011 1:05 pm

gracias por la explicacion!!!!!!1 jajaj me parto con vosotras y vuestras ocurrencias, habies conseguido arrancrme mas de una sonrisa :D
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor begoña el Dom Mar 06, 2011 1:07 pm

Nere, me parece una idea estupenda y voy a secundarte. Empezare por un trocito pequeño de produciones y empiezo con nuestra protagonista Irene, espero que mis compañeras se animen y vayan colgando sus escenas.


por begoña el Lun Dic 06, 2010 3:46 am

_ HUIDA DE IRENE _


La condesa les acompaña hasta el fondo del corredor, se para delante de una puerta y le muestra a Martín su habitación.

_ " Espero que sea de tu agrado, si necesitas algo pídemelo" _¡gracias! contesta Martín. Mira a Irene y entra cerrando la puerta.
Continúan andando unos pasos y, la Condesa, abre la puerta entrando con Irene en la habitación. La coge del brazo, mostrándole toda la alcoba.

_ " He mandado encender la chimenea, espero que aquí te encuentres bien" ," ahora te voy a dejar que descanses y luego os espero a cenar, te he dejado unos vestidos, creo que te quedaran bien". Abre un cajón del secreté y le ofrece una llave. _ " Es de esa puerta", le dice mostrándole la puerta al lado de la cama, _" comunica con la habitación de él", le dice sonriendo.

Irene se ruboriza, baja un poco la cabeza y pregunta _" ¿por que, hace esto por nosotros?".
La Condesa se vuelve desde la puerta, la mira y con un halo de tristeza en el rostro le contesta.

_"Me recuerdas mucho a una amiga muy querida, se llamaba Laura"." Te contare la historia otro día... Nos vemos en la cena". Sale de la alcoba dejando a una Irene pensativa y agradecida.

Coge la llave y corre a abrir la puerta. Al otro lado Martín se encuentra sentado en la cama, se vuelve sobresaltado ¡¡Irene!! . Los dos se abrazan, él la coge la cara entre sus manos, la mira y comienza a besarla, le retira el pelo mientras busca sus ojos. Su mirada, le tranquiliza, la ve serena. Sigue besandola, baja sus manos por los hombros, suelta los cordones del corpiño, se lo quita. Se coloca a su espalda y comienza a desabrochar el vestido, lo baja hasta la cintura, besa su espalda, se pega a ella, la abraza acariciando sus pechos. La gira hacía él buscando su boca, la besa con avidez, se arrodilla ante ella bajándole el vestido hasta el suelo. Irene queda desnuda, con su ropa y Martín a sus pies. La acaricia suavemente sus muslos mientras desliza sus calzas hacía abajo. Hunde su cara en el pubis y empieza a besarlo. Irene va relajando su cuerpo lleno de deseo, suspira... le va faltando el aire. Agarrada a su cabeza susurra " Martín...Martín".
Levantandose la coge en brazos, la deposita en la cama, se desnuda y se tumba junto a ella.

Ella admira su belleza, su cuerpo moldeado por el trabajo, sus brazos fuertes...le desea.
Él admira su belleza, la delicadeza de su piel, la fragilidad de su cuerpo...la desea.

Se han fundido en un solo abrazo, en un solo cuerpo...hoy se sienten por primera vez esposos.
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Gracias Sueña
Pienso en ti
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor Nivaria-Guanche el Dom Mar 06, 2011 1:11 pm

Estoy dudando, estoy dudando, tengo una escena algo subidita, pero no llega al listón, por dios jejeje- Es del capitulo 20, de la tercera parte de mi historia, bessis
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Re: "La sonrisa vertical y...La Giralda"

Notapor Nivaria-Guanche el Dom Mar 06, 2011 1:12 pm

Ahi va:
Seguro que era su imaginación, que deseaba que su esposo la abrazara por la cintura y la protegiera con su cuerpo, y así estar para siempre. Intentó virarse para caminar hacia la cama, pero una mano puesta sobre la suya evitó que se moviera. Observó la mano, la reconoció al instante y sintió la calidez que se traspasaba hacia la suya. No podía ser tan real, su marido no sabía que ella estaba viva y más cerca de lo que él pensaba, no podía saberlo, era imposible; pero no podía negar ese ligero contacto, el calor de su espalda, la sensación de que su cuerpo se iba acercando más y más al suyo. La confirmación vino cuando acercó sus labios al oído y le dijo con un tono suplicante

- No te vayas

Se lo dijo con deseo, pero también con la desesperación de alguien que se ha visto solo y triste durante tantos días, anhelando una visión, un contacto, una voz. Quitó la mano de la suya y la abrazó con fuerza por detrás, inhalando con ansiedad el aroma de su cabello. Ella seguía con las manos apoyadas en el alfeizar, inmóvil, como una estatua, con la agitada respiración como único signo de que estaba viva, que eso era real y que no estaba sola. Durante unos preciosos y eternos minutos, su marido estuvo absorbiendo el calor de su presencia, de su piel, intentando que se traspasaran y llegaran a su interior. Estaba viva y, si se podía decir, estaba más hermosa y radiante que nunca, con su pelo negro suelto, su piel suave, su femenina figura dejándolo en un estado de locura total. Pero no quería desmadrarse, tenía todo el tiempo del mundo y necesitaba aprovecharlo. Aflojó un poco el abrazo y guió una de sus manos hasta la zona en donde se encontraba la cicatriz, abarcándola con su palma por encima de la tela y dejando que el dolor físico que había sufrido ella pasara a él. Notó la respiración de su mujer, nerviosa y anhelante, desando virarse y ve su rostro. Le concedió el deseo y se separó para que ella pudiera moverse y tenerlo de frente. Puso la mano sobre la mejilla de su marido y sintió la ligera humedad que salía del ojo y bajaba por la mejilla. Lo miró con ternura y acercó los labios hacia esa zona, absorbiendo la salada lagrima y sintiéndola parte de ella. Apartó el rostro y se quedó clavada en su mirada oscura e intensa, llena de deseo, de pasión y de alegría.

- No me iré – Le dijo, adentrando su mano bajo la camisa y colocándola sobre la zona del corazón – estaremos juntos siempre – Con la libre cogió la de su marido y la colocó sobre su pecho, para que se notara que ambos corazones latían al unísono

parte 1
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